BARRA LIBRE.

Alfredo Quezada Hernández.


AMLO Y SU RESENTIMIENTO.

Hasta cuando los mexicanos habremos de continuar padeciendo la cólera y el naufragio del tabasqueño.

Sobra decir que el dueño de “La Chingada” se ha venido a enredar en su propia trampa. El señor López ya perdió el rumbo y todo aquello que tanto prometió en campaña solo fue una quimera, una ilusión para millones de mexicanos.

Triste realidad.

A grado tal son los bandazos que viene dando que sus mañaneras lo tienen agotado, sin mayores cosas importantes que decir se ha ofuscado, se ha vuelto más intolerante.

Lo único que vale es su palabra, sus datos, lo demás, es lo de menos, eso no tiene importancia. Le encanta perseguir a los que disienten con él y eso es algo que tiene rato que no se había visto en la vida política de nuestro país.

En estos momentos para millones de mexicanos el señor López es el más vivo ejemplo del resentimiento político, de la revancha sin matices contra los que no comulgan con él.

De igual forma varios sectores ya están convencidos que el tabasqueño es un vivo obelisco a la intolerancia, a la sordera y a la impunidad.

Para miles es toda una realidad la amplia insolvencia autocrítica que posee para señalar y sancionar la corrupción de muchos integrantes de su negocio, entiéndase de su partido, y de su gabinete.

Y, muy al contrario, anhela erigirse como un ser intachable, no se cansa de presumir su “honestidad”, se jacta de virtuoso, cuando lo único que hace es parecer caballo de desfile, todo mundo le aplaude, pero nadie le dice que la va zurrando.

Para el señor López todos deben ser como él, honorables, versados, con amplios valores morales y deben repudiar los lujos y el dinero. En esto último sus hermanos totalmente lo han ignorado, les ha valido madre.

Al nacido en Macuspana, lo único que la ha salido de maravilla es su fuerte inclinación a la venganza, el tabasqueño sí que ha sabido darle brillantez a su encono.

Pobre tipo.

IPAX.

Sin lugar a dudas que tan importante organismo vive otros tiempos.

Actualmente el Instituto de Policía Auxiliar y Protección Patrimonial, es autofinanciable, nada de recibir recursos de otras entidades, ya sea estatales o federales, y debido al orden financiero impuesto por la actual dirección ha sido posible alcanzar grandes logros.

Gracias al buen manejo monetario y a la estricta ordenanza que se aplica en el manejo de los recursos económicos los más de siete mil quinientos elementos gozan de mejores prestaciones, así como de una capacitación más constante, misma que es impartida por personal altamente calificado.

Con sus más de 20 comandancias la dirección, de manera puntual, dota a toda la tropa de uniformes, armamento y cartuchos útiles, nada de andar comprándolos ellos. Eso es cosa del pasado.

El adiestramiento que reciben los oficiales les ha permitido una mejora continua, lo que se ha reflejado en el incremento de los servicios, ya que cada día son más las empresas que solicitan el resguardo de uno o varios elementos en sus establecimientos.

La nueva administración ha venido a dignificar al policía, al trabajo policiaco, y una muestra de ellos son las mejoras salariales y la preparación académica de primer nivel que reciben los más de siete mil elementos.

Por cierto, ahora todas las dependencias de gobierno, que solicitan el servicio tienen que formarse con su pago, eso de que por ser parte del aparato oficial les valía madre y no pagaban, es cosa del pasado.

Sin lugar a dudas la labor que lleva a cabo Héctor Manuel Riveros Hernández, en tan importante organismo, no tiene desperdicio.

Bien.

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